HISTORIA &
SENTIDO DE LA FUNDACION El objetivo de este capítulo
es dar a conocer la experiencia realizada desde 1989 en una organización
de ayuda mutua para familiares y personas afectadas por el Trastorno
Bipolar del Animo (TB).
1. ESTIGMA Y ENFERMEDAD MENTAL Las enfermedades mentales no producen
solamente sufrimiento al paciente y a su familia; también causan
vergüenza, humillación y aislamiento. Estos factores influyen
poderosamente en las posibilidades de
recuperación: el grado de aislamiento social que experimentan
es inversamente proporcional a la
posibilidad de que quien la sufre pueda volver a ocupar su lugar en
la sociedad.
El estigma de estas dolencias
ha sido una constante en la historia. En la actualidad sus consecuencias
más inmediatas son, naturalmente, el ocultamiento de la enfermedad
por la persona aquejada, y el
ocultamiento del paciente por parte de la familia.
La familia siente al miembro
enfermo como un baldón y por lo tanto entre otras reacciones
que veremos
más adelante- tiende a experimentar rechazo hacia él.
Al mismo tiempo, cuando la afección se cronifica
gravemente, se produce un fenómeno por el que los familiares
se retraen de sus otras relaciones, salen
menos de casa para no dejar solo al paciente, y abandonan actividades
placenteras que los conectaban
con los demás, como deportes o hobbies.
El paciente, por su parte,
es quien sufre directamente el peso del estigma: al ser segregado
de sus grupos
de pertenencia se daña la trama de sus relaciones sociales,
y el paciente queda paulatinamente aislado.
Al terrible golpe de una enfermedad de este tipo se suma la devastadora
experiencia de la marginación,
que afecta todavía más su autoestima.
La gente por lo general
desconoce lo que son los trastornos mentales, y esta ignorancia
favorece la
aparición de mitos y tabúes de toda clase. Habitualmente
se cree que la frontera entre la salud y la
enfermedad está claramente definida, y es frecuente la idea
de que una vez atravesada no hay regreso
posible: la persona enloqueció. Estas y otras
nociones equivocadas influyen en quienes rodean a la
persona afectada: le tienen miedo, piensan que nunca va a volver
a estar bien, o simplemente no saben
cómo tratarla. Como resultado, quienes no tienen que convivir
con ella se alejan de manera progresiva
pero inexorable. El paciente encuentra que los amigos han dejado
de llamarlo, que al buscar trabajo tiene
que esconder sus antecedentes psiquiátricos, o que si quiere
conseguir una pareja va a tener que mentir
sobre algunos de los aspectos más importantes y dolorosos
de su vida.
Para tratar de contrarrestar
las consecuencias del estigma es preciso modificar estas reacciones
ante los
problemas de salud que afectan la conducta; ante todo, que los afectados
y sus familias no se escondan.
Al revertir la actitud de ocultamiento vergonzante contribuimos
a que la sociedad adquiera conciencia de la
existencia y de la alta incidencia de estas afecciones. Las organizaciones
de ayuda mutua desempeñan
una importante función en el cambio de las actitudes colectivas
(Kurtz, 1988).
2. EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES
DE AYUDA MUTUA (OAM El mejor ejemplo, por tratarse del nucleamiento
de más antigüedad y el que mayor desarrollo ha logrado
en
el mundo, es Alcohólicos Anónimos. Su tarea constante
ha contribuido a que el alcoholismo sea entendido
como una enfermedad y no como un vicio causado por la maldad del
alcohólico.
En los últimos años
han aparecido grupos de ayuda mutua dedicados a dejar de fumar o
consumir drogas,
a adelgazar, y muchos otros propósitos (grupos de trasplantados,
de operadas de mama, etc) casi todos
ellos relacionados con problemas de salud psíquica o física.
Posteriormente al inicio de FUBIPA surgieron
otros grupos para patologías psiquiátricas, como la
esquizofrenia o los ataques de pánico.
En otros países las
organizaciones de ayuda mutua para personas afectadas de dolencias
que afectan la
conducta juegan un papel fundamental en tratar de eliminar el estigma:
así colaboran con la reinserción
social y laboral de los pacientes. Cumplen una importante tarea
educativa al brindar regularmente al público
conferencias por profesionales, e información escrita y en
video de todo tipo. En la medida en que la gente
los conoce y sabe que existen tratamientos eficaces, estos trastornos
comienzan a ser percibidos de otro
modo, y el oscurantismo tiende a disiparse.
Es preciso tener en cuenta
que no todas las sociedades reaccionan de la misma manera ante sus
integrantes
con capacidades disminuidas: en los países más avanzados,
desde la legislación hasta la actitud cotidiana
hacia los discapacitados de todo tipo, muestran que son considerados
integrantes de la sociedad de pleno
derecho; más aún, merecen una consideración
especial por estar en desventaja. En otras sociedades,
en cambio, las desventajas tanto físicas como mentales son
objeto de discriminación o incluso de burla.
Como puede verse, la tarea
de quienes trabajamos con trastornos que afectan la conducta se
encuentra
estrechamente relacionada con las actitudes colectivas hacia otros
tipos de problemas de salud.
El rechazo y la marginación de las personas consideradas
diferentes constituyen un rasgo de primitivismo
de la comunidad, a la manera de las tribus que consideraban que
quienes nacen con un defecto no tenían
los mismos derechos que los demás.
3. COMO SURGIÓ LA
INICIATIVA Algunos pacientes que habían sufrido
la enfermedad bipolar durante muchos años, al iniciar el
tratamiento
adecuado pudieron, por primera vez en largo tiempo, recordar cómo
era vivir con cierta estabilidad.
Sorprendidos, comprobaron que era posible comprometerse con un trabajo
o programar por anticipado
una salida, cuando hasta entonces sus oscilaciones de ánimo
no les permitían saber si iban a estar en
condiciones de cumplir con lo acordado: si estaban deprimidos no
tenían interés en nada, y si estaban
maníacos, se encontraban tan dispersos, que probablemente
ni siquiera recordaran haber contraído
un compromiso.
El cambio en sus vidas fue
tan grande que me preguntaron insistentemente y con curiosidad acerca
de la
enfermedad y su tratamiento. Habiendo sido atendidos por distintos
médicos durante años, les llamaba la
atención la poca información que tenían los
profesionales sobre este trastorno y sobre el tratamiento con
estabilizadores del ánimo. Además se sentían
como bichos raros porque no conocían a otros bipolares,
ni a nadie tratado con litio. De ellos surgió la propuesta
de iniciar un nucleamiento para ayudar a los
afectados por el trastorno bipolar.
Treinta años atrás,
tampoco a los médicos residentes de Psicopatología
nos habían enseñado la existencia
de medicamentos estabilizadores del ánimo, específicos
para esta enfermedad; sin embargo, en diferentes
oportunidades pude observar el resultado, a veces espectacular,
en ciertas personas que normalizaron su
vida con el tratamiento de mantenimiento. De modo que la propuesta
inmediatamente me interesó, y así
nació la iniciativa de promover el conocimiento del trastorno
bipolar y su tratamiento.
Como ninguno de nosotros
tenía experiencia en este tipo de emprendimiento, cuando
nos empezamos
a reunir a principios de 1989 tres médicos (Gustavo Carlsson,
Edgardo Engelmann y yo) y otros tantos
pacientes, la idea empezó a tomar forma de manera lenta:
solamente teníamos en claro que nuestro
objetivo común era la lucha contra el trastorno bipolar.
Nuestro intento fue generar un núcleo del tipo de
otras asociaciones que nacen para aunar esfuerzos contra una enfermedad,
al estilo de la Liga contra
la Tuberculosis o contra el Cáncer.
Las propuestas iniciales
partían de una inquietud común de los pacientes: no
sentirse solos con el problema.
E staban animadas por un sentido solidario: los pacientes se preguntaban
cuántas personas estarían en la
situación que ellos habían tenido que pasar durante
años: de internación en internación, con los
episodios
maníacos recurrentemente diagnosticados como esquizofrénicos.
Y luego, al ser externados, la falta de
tratamiento de mantenimiento los dejaba desprotegidos y expuestos
a la recaída en una enfermedad que
tiene como una de sus características fundamentales la de
ser recurrente. El error de diagnóstico es muy
común; en los EEUU, un estudio mostró que el 69% de
los bipolares fue mal diagnosticado en su primera
consulta (Hirschfeld, 2003).
Decidimos entonces empezar
a reunimos y resolvimos que íbamos a poder precisar mejor
nuestras metas
sobre la marcha: a medida que surgiera de los propios pacientes
y sus familias lo que necesitaban,
íbamos a intentar darles respuesta.
Necesitábamos un
lugar para las reuniones. Siguiendo a Alcohólicos Anónimos,
decidimos hacerlo
en hospitales e iglesias. La Parroquia Santa Elena, de Palermo,
tenía un grupo de AA funcionando
desde hacía tiempo; el párroco RP Luis nos solicitó
un proyecto por escrito de lo que queríamos hacer,
y rápidamente nos facilitó un espacio adecuado.
Los psiquiatras que participamos
inicialmente contábamos con una importante experiencia que
imprimió
un matiz particular a la manera de encarar esta nueva idea: durante
dos años consecutivos habíamos
organizado en una institución privada, el Centro Privado
de Psicoterapias, talleres psicoeducacionales
para familias de esquizofrénicos, destinados a enseñar
a quienes conviven con al paciente qué es la
enfermedad y lo que se sabe acerca de las mejores maneras de tratar
al paciente. (Lagomarsino, 1989)
(Lagomarsino, 1990) Los resultados logrados y la respuesta agradecida
de las familias nos entusiasmaron,
y nos estimularon a pensar al nuevo nucleamiento con un énfasis
en la capacitación sobre la enfermedad:
los pacientes y sus familias necesitaban información sobre
el tema.
Así fue cómo
decidimos que la primera reunión, a la que invitamos solamente
a nuestros pacientes bipolares
y sus familias, se inaugurase con una clase sobre la enfermedad
maniaco depresiva, que se ofreció a dar
el Dr Gustavo Carlsson.
La clase inicial, como habíamos
previsto, fue muy bien recibida: se hicieron muchas preguntas, y
los participantes se fueron agradecidos por lo que sintieron como
una deferencia poco habitual
por parte de los médicos.
Al poco tiempo, una nota
televisada provocó que apareciera una multitud: más
de cuatrocientas personas
se apiñaron en el espacio que la parroquia nos había
brindado. Nuestra criatura inmediatamente había
comenzado a crecer más que lo previsto.
Unos meses más tarde,
un artículo en un diario convocó a decenas de interesados.
El crecimiento de los grupos hizo evidente la necesidad de organizar
las reuniones de otro modo,
porque los recién llegados planteaban preguntas diferentes
-y básicas- que necesitaban ser respondidas,
pero perturbaban el trabajo que venía llevando el grupo:
traían interrogantes sobre qué es el trastorno bipolar,
dónde puedo consultar sobre mi diagnóstico, puedo
venir con mi familia.
Llegaban muy ansiosos, y
muchos traían grandes expectativas de un nuevo tratamiento.
En cambio, los participantes
que llevaban ya algún tiempo, estaban trabajando con una
tónica muy distinta:
retomaban y profundizaban temas sobre el trastorno bipolar y sobre
la propia organización de la tarea
en las reuniones.
Además, la situación
de los recién llegados respecto a la enfermedad y el tratamiento
era muy variable;
podía aparecer un maníaco depresivo estabilizado desde
hacía años con el tratamiento adecuado,
enviado por su psiquiatra para que tomase contacto con otros bipolares.
Esta persona no representaba
ningún problema porque se adaptaba enseguida; pero también
vinieron esquizofrénicos deprimidos y
varias histéricas desesperadas. Muchos sencillamente no tenían
ningún tratamiento ni diagnóstico alguno,
y era necesario derivarlos.
Por estas razones decidimos
dividir las reuniones en dos grupos diferentes. Los recién
llegados eran
recibidos en el que llamamos Grupo de Primera Vez por
dos de los participantes más antiguos, quienes
les entregaban un folleto que contenía los conceptos elementales
acerca del trastorno bipolar y los
propósitos de nuestra organización. En una charla
de clima intimista, contestaban las preguntas iniciales
brindando una visión general.
Tras esta primera reunión,
los participantes eran invitados a incluirse en el otro grupo, que
llamamos
de veteranos. Decidimos no excluir a nadie, porque con
el tiempo vimos que muchas personas que
no tenían el trastorno bipolar sino depresiones unipolares
sentían que les hacía bien la concurrencia al grupo.
Pasado el primer año de funcionamiento surgió la necesidad
de desdoblar las reuniones, dividiendo los
grupos de quienes ya habían pasado por el Grupo de Primera
Vez, que la mayoría de las veces superaba
las treinta personas. Se sugirió que los familiares se reuniesen
aparte de los pacientes. Los participantes
encontraron muy conveniente la posibilidad de trabajar así
sobre ciertos temas: las familias suelen tener
dificultad para tocar con sinceridad algunos puntos en presencia
del paciente, y éstos, por su parte, se
sienten cómodos al congregarse sin sus familiares. Desde
entonces hemos optado por organizar reuniones
por separado para pacientes y familiares en las catorce sedes.
Una integrante se ofreció
a oficiar de bibliotecaria: varios libros fueron donados para una
biblioteca circulante,
y se hicieron fotocopias de algunos que se habían agotado,
como Humor alternante, de Ronald Fieve,
que pronto se convirtió en un favorito.
A mediados de 1991 tuvimos
la oportunidad de hacer nuestra primera salida pública al
exterior de la Parroquia,
cuando la revista Uno Mismo nos invitó a sus Jornadas de
Crecimiento, que se realizan todos los años en el
Centro Cultural San Martín. Nos fue asignado un salón,
y cuando llegamos nos encontramos con una nutrida
concurrencia: más de doscientas personas nos estaban esperando.
El acto se abrió con una breve introducción
que hice acerca de la enfermedad bipolar y su tratamiento. A continuación
vinieron los testimonios de los
pacientes afectados. Una psicóloga afectada por el trastorno
avanzó hacia el micrófono, y frente al auditorio
empezó a contar lo que había sufrido con sus subidas
y bajadas de ánimo, y relató en particular sus
experiencias con el estigma social: las actitudes encontradas en
las personas que la conocían,
signadas por la incomprensión.
Era la primera vez que se
veía a personas afectadas por este tipo de enfermedad hablando
de su
padecimiento frente a un micrófono. Otra paciente la siguió,
y luego otra. Los testimonios fueron conmovedores
por su autenticidad: en el público había personas
que lloraban. Al terminar, muchos se acercaron para felicitarnos
por la iniciativa y para averiguar la manera de acercarse a nuestros
grupos. Por fin los enfermos habían podido
dejar de lado la clandestinidad y dar a conocer sus experiencias.
Para esa época estaban
funcionando con regularidad las que llamamos Reuniones de Trabajo,
para
diferenciarlas de las reuniones de los grupos de autoayuda: eran
encuentros de los integrantes más antiguos,
destinados a organizar y reflexionar sobre las actividades, y designar
coordinadores responsables de cada una.
4. PRIMERAS INICIATIVAS DEL
INTERIOR DEL PAÍS Cuando a los grupos de Santa Elena empezaron
a concurrir personas de lugares alejados, y a la vez nos dimos
cuenta de que el espacio de la Parroquia nos estaba ya resultando
estrecho por el rápido crecimiento de FUBIPA,
nos propusimos estimular el nacimiento de grupos en el interior
del país. Tomaron contacto con nosotros y
participaron de las reuniones pacientes de Necochea; un joven emprendedor
se presentó como maníaco
depresivo, contándonos que su padre también lo era,
así como el pediatra de su hijo. Se mostraron
entusiasmados por lo que nuestra organización estaba haciendo
y nos pidieron ayuda para fundar un
grupo similar en Necochea. Convinimos que los esposos Hofmann viajarían
a dar una charla inaugural
en esa ciudad. Por la misma época recibimos cartas con igual
propósito, de La Pampa, Laboulaye (Córdoba)
y Mendoza, de bipolares que se habían enterado por la televisión
de la existencia de FUBIPA y deseaban
empezar grupos en esos lugares. Nos pusimos a disposición
de quienes querían iniciar grupos, facilitándoles
la poca información escrita que teníamos, y en reuniones
con ellos tratamos de transmitirles lo aprendido
hasta el momento. Pero nos dimos cuenta de que lo vivido, con miles
de personas que han pasado por los
grupos de Santa Elena, no es sencillo de transferir; cada grupo
genera una micro cultura de acuerdo
a lo que ha vivido y compartido, y también en base a los
valores y personalidades de sus miembros.
Por lo tanto es limitado lo que se puede enseñar de cómo
lo hacemos, porque un nuevo grupo tiene
como tarea aprender de qué manera ellos pueden generar el
tipo particular de ayuda mutua que necesitan;
descubrimos que lo más valioso que podemos brindar es darles
confianza para que se animen a iniciar
un grupo, después de haber asistido a varias de nuestras
reuniones.
5. LA REORGANIZACIÓN
INTERNA DE 1991
Mi aparición por televisión en el programa de Mirtha
Legrand expandió rápidamente a FUBIPA:
personas con problemas de todo tipo acudieron en busca de ayuda.
Muchos eran depresivos, pero también
llegaron quienes tenían otro tipo de problemas: personas
desmoralizadas porque no tenían trabajo, o
deprimidos porque ellos o un familiar soportaban dificultades de
salud diversas. Nos dimos cuenta del
riesgo que esto implicaba, cuando algunos bipolares estabilizados
dejaron de venir a las reuniones: se
había diluido el objetivo original de ayudar a los bipolares,
porque se trataban problemas de todo tipo.
Esto nos obligó a
cambiar la actitud que habíamos tenido hasta entonces hacia
los recién venidos que
no eran bipolares: decidimos que en la charla inicial que habitualmente
se da en el Grupo de Primera Vez
se dijese claramente que FUBIPA no era una organización para
depresivos en general, sino solamente para
un tipo particular -y menos frecuente- de cuadro, en el que la depresión
alterna con la manía. Hasta el momento
no implementamos ningún tipo de selección previa al
ingreso a los grupos, pero explicamos que quien no es
bipolar posiblemente sienta que nuestras reuniones no son el lugar
más adecuado para él.
Por otra parte, surgieron
planteos sobre los estilos de coordinación de las reuniones,
que por momentos
se hacían desordenadas y poco eficaces. Decidimos que era
necesario implementar una capacitación para
los coordinadores, y como primera medida llamamos a estudiar el
tema a los profesionales de FUBIPA,
tres psicólogos bipolares y una psicóloga madre de
un bipolar. Así fue como primeramente nos pusimos
a traducir, y luego a discutir un librito que nos envió la
NDMDA (Asociación Nacional de Depresivos y
Maníaco Depresivos) de los EEUU: Liderazgo de Grupos de Autoayuda.
(Mallory, 1984 )
Después de algunas
reuniones preparatorias, a fines de 1991 invitamos a las personas
que estimamos
más comprometidas con nuestra tarea y con más capacidad
de liderazgo a un curso breve de capacitación
para coordinadores. Elegimos a unas quince personas para que participasen
de talleres de discusión y de
práctica en llevar adelante este tipo de grupos. Desde entonces,
una vez por mes los coordinadores se reúnen
para una supervisión de la tarea de los grupos.
Es de destacar que en varias
oportunidades se ofrecieron psicólogos para colaborar dirigiendo
nuestros grupos.
Agradecimos el aporte, pero no pudimos aceptarlo porque entendimos
que podía desvirtuar el elemento esencial
en los grupos de ayuda mutua -el apoyo de los pares- al volver a
instaurar el vínculo profesional- enfermo tradicional
(Cá, 1994). Si bien algunos profesionales de la salud mental
participan activamente en FUBIPA coordinando reuniones,
no desempeñan ese rol por ser profesionales: todos tienen
una relación personal con el trastorno, ya sea porque ellos
son pacientes, o son familiares de bipolares.
En cambio, siempre invitamos
a colegas a asistir a las reuniones del grupo de Primera Vez, hayan
enviado
pacientes a FUBIPA o no. Para ampliar la aceptación de nuestra
entidad entre los psiquiatras y psicólogos
nos parece importante que conozcan la labor de nuestros pacientes
recuperados, y comprueben que no
compite con la asistencia profesional que todo bipolar requiere.
Además de las funciones
detalladas hasta aquí, que los grupos cumplen para con sus
integrantes -
su tarea interna- existe una tarea externa de FUBIPA. Esta tarea
externa se compone de un conjunto de
actividades cuyo objetivo final es la difusión. Por ejemplo,
ocuparse de establecer contacto con los medios
de difusión, pedir presupuestos para la impresión
regular de folletos, ocuparse de retirarlos de la imprenta,
mantener el intercambio con las sedes dentro del país y con
organizaciones similares de otros países
(España, Uruguay, México).
La tarea interna es esencial
para los propósitos de una organización de este tipo,
pero sin la tarea externa
dirigida a lograr una difusión regular de nuestras actividades,
se corre el riesgo de que la iniciativa se desvirtúe,
quedando en una agrupación cerrada, replegada sobre sí
misma, invo1ucionando hacia una suerte de
terapia de grupo sui generis.
Ambas tareas son igualmente
importantes y se complementan. Algunos prefieren colaborar en una
tarea,
otros en la otra. Hay quienes tienen interés en la variada
vida interna de los grupos, se ofrecen para coordinar
el grupo de Primera Vez para los recién llegados y muestran
capacidad para funciones de liderazgo que les
permite la delicada función de coordinar los grupos estables.
Otros, en cambio, dedican tiempo a actividades
externas, pero prefieren no participar regularmente en los grupos.
6. EL FINANCIAMIENTO DE FUBIPA
Desde sus inicios nuestra entidad necesita algún aporte de
dinero, que nunca fue mucho porque los gastos
se reducen a la impresión de folletos, fotocopiado de libros
y una donación regular y voluntaria a la Parroquia
a la que ocasionamos gastos de limpieza, luz, etc. Surgió
la iniciativa de pasar una alcancía al final de cada
reunión, para que cada uno dejara en ella el dinero que quisiera.
Además, desde 1991 empezamos a inscribir
como Benefactores a personas que se ofrecen a pagar una cuota de
diez pesos por mes. Esto nos permite
manejarnos con un pequeño presupuesto que se destina básicamente
a publicidad. Además colaboran los
laboratorios Abbott y Ariston.
7. LAS MANERAS EN QUE FUBIPA
AYUDA A) A todos los participantes (pacientes
y/o familiares)
El grupo de ayuda mutua desarrolla una cultura propia, que incluye
valores sobre la relación entre sus
integrantes, así como una serie de conceptos sobre el trastorno
bipolar. De ellos se desprenden conductas
consideradas como adecuadas o inadecuadas, tanto respecto a lo que
esperan de la relación entre ellos,
como respecto a las maneras de enfrentar al trastorno. A medida
que un paciente y/o una familia se integran
al grupo, van asimilando en cada reunión los elementos que
componen esta microcultura. Quienes mejoran
en los grupos no son quienes simplemente participan, sino quienes
logran hacer vínculos, construyendo un
nuevo mundo social compuesto por personas con el mismo problema.
La tarea de persuadir a los nuevos
integrantes refuerza las convicciones del grupo. (Lieberman, 1986)
En los grupos se desarrollan
capacidades para luchar contra la enfermedad.
Se busca así que todos reconozcan que existen recursos para
enfrentar activamente las dificultades,
en vez de padecerlas pasivamente: fomentamos una actitud colectiva
que se opone a la desmoralización
que sobreviene cuando una enfermedad crónica es percibida
no sólo como incurable sino también
como inmanejable. Oponemos a la figura estigmatizante de una enfermedad
incurable, la de una
disfunción controlable.
B) Disipar temores y tabúes
sobre la medicación
La no adherencia al tratamiento es una de las causas de recaída,
cuando el médico no logra que sea
internalizada la idea de que la medicación a largo plazo
es fundamental para el control de las crisis.
El primer efecto de la concurrencia a los grupos es mejorar el cumplimiento
con la medicación (Kurtz, 1990).
El relato -tan frecuente- de la recaída tras el abandono
de los remedios permite que los nuevos integrantes
aprendan de la experiencia ajena, que es la más segura..
C) Proveer datos sobre el
curso recurrente de la enfermedad, permitiendo el desarrollo de
expectativas realistas
La información adecuada evita los ciclos tan dañinos
que se producen, cuando tras el episodio agudo todos
creen que el paciente se ha curado, para luego, ante la recaída,
decepcionarse y caer en la desesperanza.
Con los sucesivos episodios paulatinamente se instala el resentimiento
de los familiares contra el paciente
cuyo comportamiento los defrauda. A su vez, el paciente se siente
estafado por los médicos que no lo han curado.
D) Conocer el trastorno
para poder controlarlo
La información que se brinda y que los participantes comparten
entre sí, no consiste solamente en la adquisición
de datos teóricos sobre la enfermedad. Forma parte de una
estrategia psicoeducativa y se complementa con la
aplicación práctica de conductas precisas para resolver
las situaciones - problema más habituales que el
trastorno genera. Como resultado de esta capacitación en
resolución de problemas, esperamos que los
integrantes no solamente desarrollen las aptitudes necesarias sino
además que el clima familiar mejore:
en la medida en que los integrantes de la familia entienden el problema
y son capaces de adoptar actitudes
realistas frente a los trastornos de conducta con los que tienen
que convivir, es menos probable que éstos
generen frustraciones. Así pensamos que se reduce la tendencia
al resentimiento, así como las críticas y
acusaciones al paciente que está demostrado que aumentan
su predisposición a una nueva recaída
(Judd, 1989). Creemos también que esta capacitación
contribuye a mejorar la autoestima, tanto de la
persona afectada como de sus familiares, al sentir que pueden manejar
mejor los problemas que
ocasiona el trastorno.
E) El comportamiento solidario como
modelo
Tanto los pacientes como sus familiares se sienten útiles
para los demás cuando se dan cuenta de
que sus experiencias pueden ser transmitidas provechosamente (Cá,
1994). La autoestima de
quienes componen el núcleo familiar tiende a erosionarse
con años de una enfermedad crónica.
Pero este desgaste emocional es el costo de una valiosa experiencia
acumulada, que es transmitida
a quienes aún no saben enfrentar las situaciones que plantea
la afección dentro del núcleo familiar.
Quien muestra un modo de proceder que le ha resultado de utilidad
demuestra una pericia que es
valorada, y es percibido en el grupo como un modelo a ser imitado
(Heller, 1997). Los demás se
sienten apoyados por quien ha pasado lo mismo que ellos: este apoyo
es vivido emocionalmente
como diferente del tipo de asistencia que puede brindar un médico.
F) La estabilidad como objetivo
Tener contacto con quienes han logrado la estabilidad muestra la
realidad de que es posible superar
los altibajos del trastorno bipolar, de este modo la interacción
fomenta la confianza en que el control
del trastorno es posible.
G) El mostrarse abiertamente como necesitado ante los demás,
en un sufrimiento común, genera
una fuerte cohesión entre los integrantes del grupo. Pacientes
y familiares sienten que no están
solos con el problema; el sentimiento de pertenencia contrarresta
la tendencia al aislamiento:
es la fuerza de los pares en acción. (Lieberman,
1986)
H) En nuestros grupos no
se ve a la enfermedad como un proceso incapacitante, que releva
al paciente de
toda responsabilidad. Por el contrario, promueven la noción
de que existe una responsabilidad personal
indelegable en el proceso de aceptar la existencia de la enfermedad
y en tomar las medidas necesarias
para ponerla bajo control. Las actitudes de negación de la
enfermedad, como abandonar el tratamiento
porque la persona se siente bien por un tiempo, son cuestionadas
en el grupo; se considera que el paciente
no está cuidando su salud, y está arriesgando la tranquilidad
de toda la familia.
Quienes se integran a estas
organizaciones logran mejor evolución de la enfermedad; Kurtz
encontró que las
internaciones se reducían del 82% al 33% tras la inclusión
en los grupos de ayuda mutua (Kurtz, 1988).
Específicamente a
las familias A) La información como medio
para desculpabilizar
Un aspecto fundamental de la tarea de FUBIPA es proporcionar nociones
sobre los aspectos biológicos
y heredofamiliares del trastorno. No se trata de resumir la policausalidad
del trastorno bipolar en un
reduccionismo biológico, sino de que entiendan y acepten
que lo que su familiar sufre es un problema
de salud; está enfermo. Y la enfermedad no fue causada por
algo que ellos hayan hecho o hayan hecho mal.
Uno de nuestros objetivos es desculpabilizar a los familiares, que
suelen buscar en sus errores como padres
el origen de la enfermedad. Por otra parte, un duelo insatisfactorio
por la salud perdida del hijo/a hace que los
padres necesiten encontrar un culpable, y de ese modo los conflictos
de la pareja se entremezclan con hipótesis
confusas sobre cómo apareció la enfermedad. Cada uno
siente que el otro tuvo la culpa de que esto sucediera,
y se afecta la atmósfera emocional de la familia creando
un clima familiar nocivo para la recuperación del paciente.
Además, se sabe que la culpa de los padres provoca actitudes
compensatorias de sobreprotección que atentan
contra la necesidad de independencia de la persona afectada. Los
sentimientos de culpa de los padres hacen
difícil que la relación con el paciente pueda ser
flexible, que es precisamente lo que necesita. En las etapas en
que el paciente no puede hacerse cargo de sí mismo, es preciso
que los allegados puedan ejercer un control
eficaz sobre el comportamiento del enfermo, y cuando mejora, tienen
que permitir la autonomía que requiere el
proceso de maduración del final de la adolescencia y adultez
temprana, la edad en que el trastorno se manifiesta
con más frecuencia.
B) Otros padecen lo mismo
Los integrantes de las familias afectadas se sienten comprendidos
y aliviados al tomar contacto con otras familias
que han tenido que enfrentar el mismo problema. Se dan cuenta de
que no están solos, y suelen poner su
problema en una nueva dimensión al comprobar que existen
situaciones todavía más graves que la de ellos.
Por otra parte, está bien estudiada la carga que representa
para el núcleo familiar la convivencia con un integrante
gravemente perturbado. Esta exigencia acarrea diversas consecuencias:
es característico de las enfermedades
mentales crónicas que las actitudes de la familia oscilan
entre las reacciones de rechazo, que determinan internaciones prolongadas
y hasta definitivas, y las actitudes de sobreprotección.
La suma de la dedicación objetiva que requiere
el paciente, a la que se agregan las actitudes de sobreprotección,
el temor a dejarlo solo, el ocultamiento de la
enfermedad ante los ajenos a la familia, hacen que la familia se
repliegue sobre sí misma y tienda a aislarse del
contacto social (Vaughn, 1984). Las organizaciones de ayuda mutua
intentan contrarrestar esta tendencia, generando
redes de interacción entre familias a partir de la preocupación
común (Cuijpers, 2000). Las familias entienden que
no es bueno para nadie -y sobre todo, tampoco para el paciente-
que otros integrantes de la familia dediquen su vida
a cuidarlo y que la enfermedad se transforme en su única
preocupación. Todos los miembros de la familia necesitan
proseguir sus objetivos personales, preservando sus espacios sociales
y recreativos. La aceptación de estas
necesidades como válidas es una de las finalidades del entrenamiento
de las familias. (Borman, 1989)
C) Aprendizaje de estrategias
En los grupos, los familiares cotejan la manera de encarar las situaciones
problemáticas. Encuentran semejanzas
y destacan las diferencias. Observan el modo en que otras familias
enfrentan los obstáculos, comparan las
posibles alternativas de acción y adoptan nuevos y mejores
modos de resolver las dificultades que se presentan.
(Heller, 1997).
Específicamente a
los pacientes A) En primer lugar, se informa
Aprende sobre el trastorno y su tratamiento. FUBIPA ofrece información
escrita (libros, folletos, fotocopias) y videos. El conocimiento,
por doloroso que sea tomar contacto con
ciertas realidades difíciles de aceptar, innegablemente ayuda
a enfrentar la enfermedad. La hace previsible,
y por lo tanto, contribuye a que los afectados puedan tratar de
controlarla y no sientan que están a merced de ella.
A) Desculpabiliza al paciente
El paciente frecuentemente está abrumado por la culpa patológica
que es característica de las depresiones
endógenas. El conocimiento de la enfermedad tiende a aliviarlo
de la idea de que él es responsable de lo que
le pasa, o de que la depresión es una consecuencia de su
maldad esencial. Esto se complementa con una
idea realista de la responsabilidad que le cabe, de enfrentar el
trastorno de manera adecuada, al colaborar
con su tratamiento.
C) La tendencia al aislamiento
vergonzante se contrarresta
Los pacientes dejan de sentirse bichos raros, al encontrar
otros con el mismo problema.
Se generan actividades sociales entre los integrantes, fuera de
las reuniones regulares de FUBIPA.
D) Se combate la caída
de la autoestima
Mediante la referencia a bipolares valiosos y famosos como Hemingway,
Berlioz, Schumann o Churchill,
que durante sus fases hipomaníacas demostraron tanta productividad,
se constituye una identidad de
bipolares que fortalece la frágil autoestima
(Attar-Levy, 1997). El bipolar no es menos que los demás,
sino un ser humano con características que lo hacen diferente.
E) Se aprende que en ciertas
circunstancias el juicio de los demás puede ser el más
válido
La confrontación con la experiencia de los demás da
al bipolar una posibilidad única de percatarse
de lo que sucede a quien atraviesa una etapa maníaca. Aprende
así que en ciertas etapas no puede
confiar en su optimismo desbordado y en cambio tiene que buscar
apoyo en las opiniones de quienes
lo rodean. A veces se establece una especie de Pacto de Ulises
(un héroe de epopeya griega que, para
oír el canto de las sirenas tapó con cera los oídos
de toda su tripulación y se hizo amarrar al mástil
del barco,
ordenando que no lo desataran aunque él lo exigiera): la
persona afectada acepta que, en esas etapas,
es mejor para él seguir los consejos de los demás
- aunque no comparta su opinión- porque reconoce
que su aceleración le impide tomar decisiones acertadas.
F) Se contrarresta el pesimismo
La persona deprimida se encuentra bajo la influencia de su estado
de ánimo que determina una manera
de pensar negativa hacia sí mismo y su futuro. Quien se encuentra
deprimido suele no recordar que en otras
oportunidades pasó por lo mismo y se recuperó, sino
que ve a su vida como una sucesión ininterrumpida
de fracasos y depresiones. Nosotros recordamos que Siempre
que llovió, paró para inculcar que,
devastadora como es la depresión, habitualmente se limita
a un cierto lapso y que muchas veces el solo
paso del tiempo la llevará a terminar.
8. CRECIMIENTO DE LA FUNDACIÓN
La primera sede fue la Parroquia Santa Elena, que en 2000 fue reemplazada
por la actual del Colegio Marianista.
En 1992 se inauguró la sede del Hospital Italiano; en 1993
Rosario, la sede más antigua del interior.
En 1995, La Lucila.
En 1997 fue la apertura de Neuquén y Santa Fe.
En 1998 le tocó el turno a Laboulaye y a Córdoba ciudad.
En 1999 Realicó (La Pampa), sede cuya ciudad tiene sólo
7.000 habitantes.
En 2001 se reinauguró Mendoza y en Julio de 2001 Pergamino.
En Septiembre de 2002 abrimos el grupo Bahía Blanca, luego
Concepción del Uruguay (Corrientes),
y en 2004 San Juan, totalizando catorce grupos.
A las dos sedes de Capital llegaron 588 personas nuevas durante
2003, y la concurrencia promedio es
de 50- 60 participantes en cada sede; no tenemos datos sólidos
de los grupos del Interior.
9. LOS TALLERES DE PSICOEDUCACIÓN
Regularmente organizamos Talleres de Psicoeducación, organizados
para familiares y pacientes a cargo
de médicos psiquiatras especializados en el tema (Hidalgo
et al, 1997) (Marinelli, 2001). Durante 2003
se llevó a cabo el Noveno Taller. Su finalidad es mejorar
la calidad de vida de toda la familia. Se trata de:
Dar información clara sobre el trastorno bipolar y
sus tratamientos, resaltando la función de agente
terapéutico que puede tener la familia.
Capacitar a los familiares para resolver los problemas que
surgen en la convivencia con la
persona enferma.
Mejorar la autovaloración y confianza de la familia.
10. REVISTA GRATUITA EL SUBIBAJA
Además, FUBIPA ofrece una revista gratuita para circulación
interna, de edición cuatrimestral, que llamamos
El Subibaja. Trae opiniones, testimonios y poemas, aportados tanto
por pacientes como por familiares; suelen
aparecer notas de investigaciones recientes sobre el trastorno.
11. CONFERENCIAS
Dos o tres veces al año se invita a un psiquiatra o psicólogo;
los temas son elegidos en base a las inquietudes
surgidas en los grupos. Las conferencias son gratuitas y abiertas
para todo público. Las filmamos y enviamos
a todas las sedes del país, y a las organizaciones similares
de otros países.
12. BIBLIOTECA & VIDEOTECA
Contamos con una Biblioteca y Videoteca accesible gratuitamente.
Además, FUBIPA ha conseguido
ayuda de las empresas farmacéuticas para bonificaciones en
el precio de la medicación estabilizadora
(Ceglutión 300, Tegretol y Valcote).
13. DIFICULTADES ENCONTRADAS: 13.1 DENTRO DE FUBIPA
A) EL IMPACTO DE LOS EPISODIOS DENTRO DEL GRUPO
Con el tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes
recupera la estabilidad. Pero en FUBIPA no todos
los que asisten la han alcanzado, ya sea porque la respuesta a la
medicación no es completa, o porque todavía
no ha transcurrido el tiempo necesario para lograrla: los pacientes
siguen experimentando altibajos del ánimo,
aunque sean de menor intensidad que antes. Por lo general el integrante
deprimido no plantea un problema
para el funcionamiento del grupo, ya sea porque deja de venir (que
es lo más frecuente, y en esos casos recibe
visitas o llamadas por teléfono de los demás), o porque
concurre pero permanece callado. El paciente hipomaníaco,
en cambio, puede ser disruptivo para el grupo, porque tiende a monopolizar,
impidiendo que otros puedan hablar,
y se irrita cuando se lo interrumpe o se lo contradice. Una de las
mayores dificultades para el coordinador del grupo
es encontrar la manera de limitar la participación del integrante
hipomaníaco, que en ocasiones tiene que ser apartado.
B) EL PROBLEMA DE LOS LÍMITES
En los grupos terapéuticos convencionales se establecen límites
a las relaciones de los integrantes entre sí.
En una institución psiquiátrica cerrada, mucho más,
dado que el paciente internado no es legalmente responsable.
¿Y cuáles son los límites aconsejables para
las personas que concurren a un lugar como FUBIPA? O mejor;
¿qué recomendaciones es conveniente hacer respecto
de la conducta de sus integrantes entre sí? ¿Hasta
qué
punto FUBIPA puede tener control u opinar sobre lo que les conviene
o no les conviene en sus relaciones
(comerciales, sexuales,etc)? La matriz de una organización
de este tipo se genera a partir del acontecimiento
fundante, de poner en contacto a las personas y familias afectadas.
Pareciera que la institución debe aceptar
alguna responsabilidad por las consecuencias, pero...¿de
qué conductas de sus miembros puede FUBIPA
hacerse razonablemente responsable? Y por otra parte ¿qué
grado de responsabilidad puede FUBIPA tener
sobre sus filiales, incluso desde el punto de vista legal? Estamos
trabajando en este tema, pero por el momento
no contamos con respuestas definidas a estas preguntas.
C) LA CUESTIÓN DE
LA ROTULACIÓN
Aunque no todos los concurrentes a los grupos son pacientes bipolares,
en la práctica adherir a FUBIPA
implica, para la persona afectada, aceptar un diagnóstico.
Lo mismo sucede, por ejemplo, con quienes
concurren a Alcohólicos Anónimos. De hecho, quienes
se han interesado por la dinámica de AA han encontrado
que las personas que se integran adquieren, por así decir,
una identidad en su denominador común, en lo que
tienen de idéntico, el ser alcohólicos. Otro tanto
sucede en FUBIPA; se reconocen en su ser pacientes bipolares.
¿Es posible que su
aceptarse como afectados por el trastorno bipolar tenga efectos
adversos? No es raro encontrar
que quienes se resisten a concurrir a los grupos, lo hagan precisamente
porque perciben que el concurrir los
convierte en bipolares, y al no aceptar su enfermedad
rehusan integrarse.
Estamos hablando de lo que
algunos llaman rotulación: los efectos que tiene
sobre el paciente el aceptar
el papel de enfermo; los cambios que en él produce el admitir
su diagnóstico. Quienes acuñaron este término,
la rotulación, lo hicieron porque un rótulo
es una etiqueta que se coloca a objetos. Pensaban, no sin razón,
que
el designar a alguien como enfermo tiene efectos nocivos porque
lo estereotipa en un papel del que no se puede
mover, un papel denigrado socialmente y que afecta fundamentalmente
su autoestima.
Lo que observamos en FUBIPA
es diferente. Probablemente nuestras observaciones difieren de lo
pensado
por quienes teorizaron sobre la rotulación, porque los efectos
de recibir un diagnóstico dependen de las
connotaciones que vienen adjuntas a ese diagnóstico. En nuestros
grupos el reconocerse como bipolar no
trae aparejados incomprensión, desvalorización ni
rechazo. Por el contrario, quien ingresa recibe una cálida
bienvenida al núcleo de quienes son sus iguales, dispuestos
a ayudar en una atmósfera de camaradería. La
identidad que se adquiere no es una noción denigrada de enfermedad
mental, sino una idea, como hemos
esbozado antes, de que:
1. El afectado sufre un
trastorno que altera la conducta.
2. El trastorno es probablemente controlable, si el afectado aprende
a proceder de ciertas maneras.
3. El valor y la dignidad del ser humano no están en cuestión
porque una zona de su cerebro no funcione
correctamente durante ciertos lapsos.
4. Muchos bipolares han sobresalido porque el trastorno está
asociado con aptitudes poco usuales de
creatividad, liderazgo y capacidad de trabajo. (Jamison, 1993 )
Procuramos que, como resultado del reconocimiento de que sufren
el trastorno, se inicie un proceso, de
resultas del cual emerja una persona informada, responsable de manejar
su problema, solidaria con sus
pares, y dispuesta a pedir ayuda cuando lo necesita (Cá,
1994). Las reuniones no son un muro de lamentos
acerca de la desdicha de tener semejante problema, sino por el contrario,
experiencias de aprendizaje donde
los que tienen camino recorrido transmiten la actitud adecuada para
lograr vidas normales mediante el control
del trastorno, y pasar a ser pacientes recuperados.
13.2 FUERA DE FUBIPA. LA
RELACION CON LOS COLEGAS
FUBIPA es una organización nueva, pero también es
una manera distinta de pensar en la enfermedad
mental y en las respuestas que se le dan. No es sorprendente que
hayamos encontrado reacciones muy
diversas a nuestra aparición, que abarcan desde el ofrecimiento
emocionado de colaboración, hasta la
desconfianza y el rechazo. ¿Existen razones válidas
para el recelo? Vamos a tratar de examinar esta cuestión
desde varias perspectivas.
En primer lugar, los conceptos
del trastorno bipolar sobre los que se apoya el accionar de FUBIPA
no son los
mismos con los que operan todos los colegas.
En nuestro país no
existe un sistema obligatorio que garantice la actualización
de los médicos en los temas
de su especialidad, por lo tanto un médico puede recibirse
y nunca más recibir información acerca de nuevos
enfoques de tratamiento. Esta es una, entre otras razones, para
que se verifique una dispersión tan considerable
en cuanto al grado de actualización de las prácticas
médicas; además, las diferencias entre los distintos
tratamientos disponibles son más acentuadas en psiquiatría
que en otras ramas de la medicina. En ciertas
afecciones -las depresiones son un ejemplo- existe entre los profesionales
una verdadera colisión de
paradigmas sobre la enfermedad, particularmente alarmante cuando
se discrepa acerca de si es
esencialmente biológica o esencialmente
psicológica y de estas formulaciones se busca deducir
una indicación de tratamiento.
Esta situación se
presenta en FUBIPA cuando regularmente vienen a las reuniones pacientes
que padecen
altibajos del ánimo desde hace años, y sin embargo
se encuentran tratados solamente con
métodos psicoterapéuticos.
Cuando estas personas se
incorporan a los grupos, participan de la experiencia de los pacientes
recuperados,
y reciben una influencia tendiente a que recurran a la medicación:
el ejemplo de quienes se recuperaron
mediante la administración a largo plazo de estabilizadores
del ánimo les resulta convincente, y cuando el
tratamiento seguido no ha dado resultado, deciden que tienen que
cambiar de enfoque.
Esto nos plantea un problema
-muy delicado por razones éticas- que no puede ser soslayado.
Nuestro criterio
consiste en tratar de preservar el vínculo ya establecido
con el profesional: en los grupos se aconseja al paciente
que converse con su terapeuta cualquier nueva alternativa de tratamiento.
FUBIPA se pone a disposición del
profesional para que, si así lo desea, reciba asesoramiento
sobre el esquema terapéutico que ha permitido
recuperarse a los pacientes que iniciaron nuestro nucleamiento.
Inclusive ofrecemos bibliografía actualizada
sobre este enfoque, y sobre la utilización de diferentes
medicamentos antirecurrenciales. En una palabra:
alentamos a que continúe la relación con el médico
que lo viene tratando, entendiendo que es función de
FUBIPA colaborar con la información que pudiera necesitar.
Sin embargo, puede suceder
que alguien que está siendo tratado durante años sin
resultado visible, plantee a
su terapeuta la experiencia que ha conocido por medio de integrantes
de FUBIPA tratados con estabilizadores
del ánimo. Y como respuesta encuentre una cerrada negativa
del profesional a reconsiderar el recurso utilizado,
sea éste psicodrama, homeopatía o Flores de Bach.
En estos casos los integrantes
veteranos del grupo transmiten al recién llegado que en él
-y en su familia-
reside una responsabilidad que no puede delegar en el terapeuta:
la de decidir con qué criterio y después de
cuanto tiempo se arribará a la conclusión de que el
tratamiento elegido no da señales de ser el apropiado.
Es necesario dejar en claro
que, aunque la mayoría se trata con estabilizadores del ánimo
y algún tipo de
psicoterapia, a los grupos no asisten personas que deben seguir
uniformemente el mismo tratamiento;
en un momento dado, pueden estar reunidos pacientes bajo distintas
terapias, junto con alguien que por
el momento no tiene tratamiento. Tratamos de que prime la idea de
que cada familia tiene libertad de
ensayar el recurso escogido, pero no debe renunciar al derecho de
esperar resultados en un plazo razonable.
El intercambio de experiencias
constituye la base de los grupos. Pone en evidencia que los plazos
para que
se vea una estabilización franca y sostenida no son por lo
general tan cortos como quisiéramos, pero observando
a los demás, los pacientes recién llegados aprenden
que el equilibrio definitivo es posible.
Como se ve, uno de los efectos
de los grupos sobre el tratamiento previo es la noción de
que paciente y
familia tienen una responsabilidad en la evaluación de su
resultado y la decisión de continuar o no con un tratamiento.
Esto nos lleva a otra cuestión importante. La relación
tradicional en el modelo médico (y psicológico) vigente
es
la díada médico- paciente. Con la aparición
del movimiento de terapia familiar, los terapeutas dirigieron su
atención al medio familiar, primordialmente en busca de factores
patógenos en la interacción. Sucedió así
que
durante décadas las familias de pacientes graves con frecuencia
eran señaladas -abierta o sutilmente- como
causantes de la enfermedad: esta concepción inducía
tremendas culpas, especialmente en los padres del paciente.
Como se mostró en
el pasaje referido al papel de la información, la concepción
con la que trabajamos en FUBIPA
pone el acento en la familia, pero esencialmente en la necesidad
de capacitarlos para afrontar el trastorno, que
ninguno de ellos es responsable de haber causado. Es muy probable
que quienes se integran a los grupos
estando en terapia familiar, si es con terapeutas que sostienen
la teoría de que el grupo familiar es el origen
de la dolencia, también perciban la diferencia de criterio
en cuanto al papel de la familia.
Para finalizar, un comentario
de otro orden: con el advenimiento de las organizaciones de ayuda
mutua pasan a
ocupar un rol relevante los (otros) pacientes y los (otros) familiares.
Cuando una familia afectada se encuentra
con otra en similar situación se reconocen como pares, afectados
por los mismos problemas; frente a las
limitaciones de los sistemas de salud, en otros países estos
grupos se han organizado en defensa de sus
derechos. De suceder lo mismo en nuestro país, la actividad
de FUBIPA ingresaría en una nueva dimensión,
la política.
CONCLUSION
Las actividades de nuestra Fundación están dirigidas
al núcleo familiar afectado por la enfermedad, y no
solamente a la persona diagnosticada. Abarcan una pluralidad de
metas (informar, educar, apoyar emocionalmente,
evitar el aislamiento, etc) y su objetivo final es influir sobre
paciente y familia para lograr la estabilidad definitiva del ánimo.
No compite con la psicoterapia
ni con la psicofarmacología, sino que las complementa, generando
un espacio
nuevo que parece ser de utilidad para la recuperación de
los pacientes (Kurtz, 1988). Cuando el grupo funciona,
la solidaridad se da por añadidura, no es una propuesta seamos
solidarios, sino que la gente deviene solidaria,
porque en el trabajo del grupo...el amor deja de ser amor propio
para ser amor al otro...Cuando uno más da,
más recibe (Cá, 1994).
RECONOCIMIENTOS
La tarea de estos quince años ha sido eminentemente colectiva;
cada una de las actividades fue llevada a cabo
por voluntarios que ofrecieron su tiempo, esfuerzo y capacidad.
Es imposible mencionar a todas las personas que
hicieron que Fubipa se hiciese realidad, y cualquier enumeración
va a ser incompleta y por lo tanto injusta. Sin
embargo se destacan Nacho, el impulsor de la idea inicial de reunir
a pacientes y familias; su esposa Alicia,
que ha trabajado incansablemente en el Consejo de Administración
durante años; Ricardo, el creador de nuestro
isotipo, que arrancó con las primeras reuniones en Santa
Elena, alma mater de nuestro boletín El Subibaja,
secundado por la infatigable Isabel; Leopoldo, nuestro tesorero,
que viajó miles de kilómetros dentro y fuera
del país para enlazar a los participantes de nuestra idea;
Estela, que aportó siempre ideas valiosas y prácticas,
y tantos, tantos otros, como Eduardo, Mary, Dina, Peter, Emilio,
Ely. Varios matrimonios trabajaron juntos
generosamente para rescatar a su familiar afectado por el trastorno
bipolar y a la vez hicieron mucho por
nuestra organización: Coco y Mimí, Walter y Elda,
Elbio y Elsa. Agradezco a la Dra Rosario Hidalgo, con quien
pensamos los Talleres para Familiares hace diez años. Y no
puedo nombrar a todos los que en las sedes del
interior trabajaron por la idea, incluyendo a los responsables médicos.
Muchas gracias, en nombre de Fubipa, a todos ellos Dr Alejandro J. Lagomarsino
Presidente de la Fundación de Bipolares de la República Argentina
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS 1. Attar-Levy D, Gay C. Role des associations
de patients bipolaires. L´ Encephale. 1997 Jan;23 Spec No
1:42-8.
2. Borman L. Self- help and mutual aid groups for adults. Treatments
of psychiatric disorders. Vol 3: 2596-2607, Washington, American
Psychiatric Press, 1989.
3. Cá Q, Wainer A. Grupos de autogestión: Guía
básica. Cuadernos de Psicología Gestáltica,
Editorial Era Naciente, Buenos Aires, 1994.
4. Cuijpers P, Stam H. Burnout among relatives of psychiatric patients
attending psychoeducational support groups.
Psychiatric Services, March 2000, 51:3, 375-379.
5. Heller T, Roccoforte JA, Hsieh K, Cook JA, Pickett SA. Benefits
of support groups for families of adults with severe mental illness.
Am J Orthopsychiatry. 1997 Apr;67(2):187-98.
6. Hidalgo R, Lagomarsino A. Como navegar sin brújula. Vertex
1997, Vol VIII, 170-175.
7. Hirschfeld RM, Lewis L, Vornik LA. Perceptions and impact of
bipolar disorder: how far have we really come?
Results of the national depressive and manic-depressive association
2000 survey of individuals with bipolar
disorder. J Clin Psychiatry. 2003 Feb;64(2):161-74.
8. Jamison K. Touched with fire. The Free Press, New York, 1993.
9. Judd L. Plain talk about mutual help groups. Plain Talk Series.
Office of Scientific Information. National Institute of Mental Health,
1989.
10. Kurtz LF. Mutual aid for affective disorders: the manic depressive
and depressive association. Am J Orthopsychiatry. 1988 Jan;58(1):152-5.
11. Kurtz LF. Use of lithium and other medications by members of
a self-help group. Lithium Vol 1 No 2 Jun 1990; 125-127.
12. Lagomarsino A. El enfoque psicoeducacional de la esquizofrenia.
Perspectivas Sistémicas Año II No 9, 1989.
13. Lagomarsino A. Psicoeducación para familias de esquizofrénicos.
Acta psiquiát psicol Am lat Vol XXXVI Nº 1-2, 1990.
14. Lagomarsino AJ, Minster D, Catharino JC. ¿Qué
es la ayuda mutua? La experiencia de la Fundación de Bipolares
de Argentina (Fubipa). Vertex. 2002 Dec;13(50):279-84.
15. Lieberman M. Self-help groups and psychiatry. Annual Review
Vol 5, Washington, American Psychiatric Press, 1986.
16. Mallory L. Leading self-help groups. A guide for training facilitators.
Family Service America, Milwaukee, 1984.
17. Marinelli M. Terapéutica psicosocial del trastorno bipolar.
Vertex marzo 2001, Vol XII No 43; 46-50.
18. Vaughn C, Sorenson K, Jones S, Freeman W, Falloon J. Family
factors in schizophrenia relapse: replication in
California of a British research on expressed emotion. Archives
of General Psychiatry,41,1169-1177.